
Durante mucho tiempo, estudiar una licenciatura fue un privilegio reservado casi exclusivamente a los hombres. A las mujeres se les decía que su lugar estaba en casa, que la educación superior era innecesaria o incluso peligrosa para ellas. En ese contexto apareció Matilde Montoya, una mujer mexicana del siglo XIX que, desde muy joven, tuvo claro que quería estudiar medicina, aunque la sociedad le repitiera una y otra vez que eso “no era cosa de mujeres”.
El camino de Matilde fue una carrera de obstáculos digna de película muda dramática. Fue rechazada por escuelas, criticada por médicos y atacada en periódicos solo por atreverse a estudiar. Aun así, siguió adelante, estudiando en condiciones difíciles y demostrando con hechos que su capacidad no tenía nada que ver con su género. En 1887, tras muchas trabas legales y sociales, logró convertirse en la primera mujer en México en obtener un título universitario como médica, algo impensable hasta entonces.
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